VIÑEDOS

LOS VIÑEDOS QUE YA NO ESTÁN.

14 de Julio de 2010 · Por Voz Entrerriana*

Apogeo, destrucción y desolación en los viñedos entrerrianos

Una industria floreciente que murió aplastada por la política burocrática.

Cabernet, Pinot noir, Malbec, Semillón, Gamay, Chateanu Margot, Sauter y, fundamentalmente Lorda, eran las cepas de los viñedos que se extendieron por el campo de Entre Ríos. Las uvas tenían un destino específico: la elaboración de vino. Esta provincia logró un amplio desarrollo en la industria vitivinícola entre finales del siglo XIX y las tres primeras décadas del XX. Cuando la crisis económica golpeó el planeta en la década de 1930, desde el Estado nacional se decidió priorizar la producción de Cuyo y se ordenó la destrucción de las viñas entrerrianas. Los testimonios que quedaron hablan de un momento fatal, de ensañamiento, destrucción y una inmensa tristeza.

Jorge Riani

Las grandes extensiones de verde, ilustradas con esferitas violetas arracimadas, colmaban de una silenciosa vida a las villas. La postal de quietud y vitalidad no dejaba lugar a malos presagios: el tiempo ayudaba y la voluntad humana sostenía. Entre Ríos era viñedos. Parrales cargados de racimos, toneles, alambiques y trabajo.

Y un día todo se terminó. Fin. Las lluvias esperadas, las horas de desvelos, la mirada fija sobre el racimo para ver si la observación transmitía energía, las expectativas, el trabajo previo y el de mañana también se fueron en las pisoteadas de las vacas lanzadas sobre las vides, en el ensañamiento de burócratas que encendían el fuego para que las llamas se lo lleven todo y donde había verde y silencio se apodere un humo negro y malvado.

Entre Ríos tuvo viñedos hasta que la crisis de 1930, pero no la crisis económica -esa que nunca se entiende dónde empieza ni se sabe dónde termina- sino la que adviene con las decisiones tomadas en ese marco del desastre planetario, le puso fin al vino entrerriano.

Había nacido por el interés empecinado y entusiasta de los colonos que llegaron de Europa a hacer florecer estas tierras. Ya estaba la ganadería organizada y la agricultura explotaba el costado fértil de la tierra cuando los colonos comenzaron a saciar su interés en hacer su propio vino. Tener vino era sí un interés, pero más lo era hacer el propio, continuar con una tradición que venía del Viejo Mundo.

Como Juan Jáuregui, un hijo de labradores al servicio de la nobleza, nacido en los Bajos Pirineos, que alternó su oficio de ladrillero con el de hacedor de vino, y le quedó tiempo y espíritu para sumarse a las luchas federales.

Los viñedos fueron traídos de su tierra natal para plantarlos en su chacra entre 1861 y 1864. Así lo cuenta Susana de Domínguez Soler en su minuciosa investigación plasmada en el libro "Entre Ríos, viñas y vinos".

La cepa que trajo Jáuregui, conocida como Lorda, fue la que dominó casi todas las plantaciones en Concordia. Pero además de tradición, la vitivinicultura fue, efectivamente, una actividad económica más para los agricultores.

EL FIN

Para hacer frente a la caída de las ventas -determinante para que se registre un exceso de vino- el Gobierno argentino creó una serie de entidades reguladoras de diversas actividades económicas. Una de ellas fue la Junta Reguladora de Vino, que tuvo una actuación aplastante en nuestra provincia entre los años 1935 y 1943.

La decisión era clara: Entre Ríos ya no podía tener su vino. "Cuando se destruyeron los alambiques con picos, después ya no servían, y las viñas tampoco, estaba prohibido hacer vino. Entonces echaron las vacas a los viñedos, cuando era la época buena, que las vacas tenían suficiente pasto, tenían metros, dos de alto los sarmientos, hasta que se perdieron". El testimonio -recogido por Susana Domínguez- pertenece a Pastor Cettour, un colono que vivió la época con mucha tristeza.

Celia Vernaz aporta un panorama al contar que "todos recuerdan de una manera muy dramática la situación de tener que dejar de plantar viña y hacer vino: fue muy dramático": "Fue una bofetada al productor. Muy triste, y lo sintieron mucho, y lo peor que venga un empleado municipal a romper alambiques y toneles para que no se produzcan más, que se derrame el vino y se pierda el trabajo, que se tire la producción. Fue vergonzoso. Pero a pesar de todo, durante este período de gran producción de vino, se seguía produciendo trigo y lino para el mercado y maíz para el forraje de los animales", recordó con pesar.

Para la condena a muerte del vino de Entre Ríos hubo una conjunción de hechos y decisiones. Se creó, sí, la Junta Reguladora que fue verdugo, pero no faltaron otros actores: la decisión partió de un Poder Ejecutivo que tuvo acuerdo del senado y un fuerte y sostenido lobby de las provincias cuyanas. De hecho, la Junta actuaba en Buenos Aires pero tenía sede también en Mendoza, San Juan y Río Negro, cuyos funcionarios provinciales integraban el organismo.

La decisión de destruir los viñedos partía de la resolución por la cual quedaba prohibido fabricar vinos fuera de las provincias productoras de la materia prima. Entre Ríos cosechaba sus uvas, pero sin embargo fue objeto del más duro ensañamiento.

Hubo decisiones que se tomaron afuera de la provincia, pero no faltaron funcionarios locales que ejecutaron la medida con una violencia que nunca se pudo explicar del todo.

Los momentos vividos son cuadros dramáticos: familias llorando ante el destrozo general provocado por funcionarios que actuaban como pandillas, eso sí: con carnés del Estado.

PRODUCCIÓN

Es cierto que Mendoza y San Juan fueron siempre las principales productoras de vinos. Pero Entre Ríos tenía un nivel productivo nada desechable y muy por encima del resto de los estados provinciales.

El principal departamento productivo era Concordia que de 229 hectáreas con viñedos en 1890 pasó a tener 1.451 hectáreas en los ocho posteriores años. Le siguió Colón, con 338 (año 1890) a 840 (1898). Le seguían Federación, Concepción del Uruguay, Paraná, Victoria, Gualeguay, Gualeguaychú, Villaguay y La Paz. En ese orden se daba la performance productiva, pero lo que demuestra la mención es que la presencia de viñedos estaba extendida en toda la geografía provincial.

Hasta que la intervención estatal puso punto final a la producción, los gobiernos entrerrianos fomentaron la actividad. Lo hacía a través de la premiación a las mejores uvas y la competencia constituyó un estímulo que dio sus frutos.

En 1877, un productor paranaense llamado Santiago Feliche participó con su vino en la Exposición de París, y regresó con una mención.

VARIEDAD

Se dijo que los vinos Lorda fueron los más extendidos. Se lo ha descripto a la uva como de "pulpa muy jugosa, dulce, con gusto especial", en tanto que el vino logrado era de un color muy subido, con mucho cuerpo y bastante fuerza alcohólica.

Pero había más. El Cabernet-Lorda, de la zona de Concordia, Concepción del Uruguay, Colón permitía hacer un vino tinto de perfume y sabor propio de su origen, mezclado con madera y de buen color rojizo.

El vino tinto Pinot Noir era de Concordia y Concepción del Uruguay; el tinto suave Malbec se producía en Concordia y Colón; el blanco frutado Semillón sólo en Concordia, al igual que el rosado boyolé francés Gamay, mientras que el Cabernet Suavignon en Concepción del Uruguay.

En Paraná y Victoria hubo, además, vinos propios de los inmigrantes italianos: Bracheto, Nebiolo, Barbera, Grignolo y Moscato. Cuenta el libro "Entre Ríos, viñas y vinos" que las bodegas de Concordia llegaron a elaborar hasta mil cascos de vino común de 200 litros cada uno. La producción cubría la demanda local, el excedente se distribuía en Buenos Aires, Corrientes, Misiones y el resto de Entre Ríos.

Las cepas habían sido traídas de Europa y los oficios necesarios para la elaboración del vino también. De hecho, los colonos eran en su mayoría inmigrantes. Pero el despegue cualitativo estuvo también respaldado por las investigaciones científicas.

En 1911, cuando en los planes del Estado nacional no estaba destruir la producción -por el contrario- se creó en Concordia la Estación Enológica Nacional, que tenía por finalidad "la experimentación y enseñanza con el carácter de establecimiento agrícola industrial, de índole lucrativa y a la vez de demostración", escribió la investigadora Domínguez.

En abandonadas tapias a la vera de la ruta, en toneles marcados por el paso del tiempo, en trapiches que adornan con sus extrañas formas algún jardín, en avisos de diarios que pueblan páginas amarillentas atesoradas en las hemerotecas, pero más que nada en el recuerdo de los viejos colonos está la memoria del vino de Entre Ríos. Una memoria que reconoce un tiempo de plenitud, y su contracara de tristeza e impotencia.

*Fuente:

  • www.eldiariodeparana.com.ar
  • Actividad Siglo XXI - FORO ARTIGUISTA ENTRERRIANO - Nuestra Posta Diaria

  • Vía:

    http://vozentrerriana.blogspot.com/2010/07/destruccion-vinedos-entrerrianos.html

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